martes, 26 de enero de 2010

El placer de abstraerse en ideogramas chinos



Trazos en todas direcciones. En todos los sentidos comas, bucles, ganchos, acentos, al parecer, a cualquier altura, a cualquier nivel; desconcertantes matorrales de acentos.

Arañazos, quiebras, inicios que parecen haber sido detenidos de repente.

Sin cuerpos, sin formas, sin rostros, sin contornos, sin simetría, sin un centro, sin recordar nada conocido.
Sin regla aparente de simplificación, de unificación, de generalización.
Ni sobrios, ni depurados, ni despojados.
Cada cual como diseminado,
así es el primer acceso.

Ideogramas sin evocación.

Caracteres variados interminables.
La página que los contiene: un vacío lacerado.
Lacerado por múltiples vidas indefinidas.

Hubo, sin embargo, una época en la que los signos aún hablaban, o casi, alusivos ya, señalando más que cosas, cuerpos o materias, señalando grupos, conjuntos, exponiendo situaciones.

Hubo una época. Hubo otras. Sin tratar de simplificar ni abreviar, cada una empeñada en la tarea de despistar por su cuenta, se puso, borrando las pistas, a manipular los caracteres de tal modo que los alejaba una vez más de manera distinta de la legibilidad primitiva.

Tránsito.

El gusto por ocultar ha vencido. La reserva, la prudencia ha vencido, la discreción natural, la instintiva tendencia china a borrar sus huellas, a evitar estar al descubierto.

El placer de mantener oculto ha vencido. Así, lo escrito de ahora en adelante cobijado, secreto; secreto entre iniciados.

Secreto difícil, largo, costoso de compartir, secreto para formar parte de una sociedad dentro de una sociedad. Círculo que, durante siglos y siglos, se mantendrá en el poder. Oligarquía de los sutiles.

El placer de abstraer ha vencido.


Fragmento de Ideogramas en china de Henri Michaux publicado por primera vez en 1975 en Fata Morgana. Traducción de Chantal Maillard.

Pintura de HENRI MICHAUX. Sin título, 1960

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