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miércoles, 14 de agosto de 2013

Las atracciones, de Florencia Minici


Sexo sin amor entre caracoles hermafroditas
A tres milímetros de tus ojos
lo veo: es el Dardo del Amor,
y en esta maceta, quisiera esconderme;
sin embargo doy vueltas, una y otra vez
hasta el lugar de donde partí,
en donde me encuentro ahora
frente a frente con tu protuberancia calcárea.
Entonces, nada queda por hacer;
salvo convertirnos en dos amantes
para que después
yo esconda la cabeza en la tierra
y expulse huevitos blancos.
Pero debo admitirlo:
tengo miedo por el futuro de los chicos.
Quizás no pueda
darles la humedad suficiente, ni taparlos pacientemente
con tierra; y así
no sobrevivirían al cuarto día.

Me imagino los órganos internos, transparentados
por estructuras nacaradas.
El mayor se llamará Theo,
el del medio Jacobo,
la menor, Teresa.
Para los demás, que serían
unos setenta y tres aproximadamente,
no tengo todavía un nombre,
y quizás nunca lo tenga.
Nunca les escriba cartas
ni pueda revelarles amor, y tu Dardo
será un misterio para ellos.

Estoy delirando, ya sé.
Después de todo soy una chica superficial,
perdida en mundos posibles.
Creo que podés perdonarme, y eso es todo. Mañana
te espero, nos encontramos.


Poema del libro Las atracciones


Si querés más información sobre el libro, visitá el catálogo en nuestra web.

sábado, 30 de octubre de 2010

Un poema de Florencia Minici

Del libro Las atracciones, que sale próximamente por Gog y Magog.


Sexo sin amor entre caracoles hermafroditas

A tres milímetros de tus ojos

lo veo: es el Dardo del Amor,

y en esta maceta, quisiera esconderme;

sin embargo doy vueltas, una y otra vez

hasta el lugar de donde partí,

en donde me encuentro ahora

frente a frente con tu protuberancia calcárea.

Entonces, nada queda por hacer;

salvo convertirnos en dos amantes

para que después

yo esconda la cabeza en la tierra

y expulse huevitos blancos.

Pero debo admitirlo:

tengo miedo por el futuro de los chicos.

Quizás no pueda

darles la humedad suficiente, ni taparlos pacientemente

con tierra; y así

no sobrevivirían al cuarto día.

Me imagino los órganos internos, transparentados

por estructuras nacaradas.

El mayor se llamará Theo,

el del medio Jacobo,

la menor, Teresa.

Para los demás, que serían

unos setenta y tres aproximadamente,

no tengo todavía un nombre,

y quizás nunca lo tenga.

Nunca les escriba cartas

ni pueda revelarles amor, y tu Dardo

será un misterio para ellos.

Estoy delirando, ya sé.

Después de todo soy una chica superficial,

perdida en mundos posibles.

Creo que podés perdonarme, y eso es todo. Mañana

te espero, nos encontramos.



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